Noches húmedas

 

 

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Era una de esas noches frías con lluvia.Ella estaba en su casa abrigada por el fuego de la chimenea, sentada en la ventana observando el panorama de  esa noche desolada, esperando a que su galán llegara. 

Sentada en su ventana con una ropa ligera, no llevaba pantalón, solamente una camisa de su amando a medio abotonar, y un atrevido pero, sensual panty con encajes de color rojo para avivar los colores de la noche, en su cara demostraba impaciencia pues quería que su enamorado llegara a verla, ya que se sentía excitada cuando él la miraba de una forma pervertida.

Fueron pasando los minutos de tortuosa espera y en su mente, rondaban pensamientos salvajes, atrevidos, pervertidos que quería realizar esa persona que ella deseaba. De tanto imaginar su cuerpo comenzó a sudar pues lo que imaginaba poco a poco lo comenzó a sentir, a sentir lo que en su mente rondaba…

Ya de tanto desespero sus traviesas manos cobraron vida, ya no respondían a su dueña y comenzaron a surcar su piel y recorrer cada milímetro de su majestuoso cuerpo, acariciando una su cuello delicado y exquisito, y la otra rozaba los linderos de su cuerpo atravesando su perfecta silueta, recorriendo su estrecha cintura y llegando a los linderos  de su traviesa prenda. Su cuerpo respondió a las acciones y,  comenzó a sudar, a contraer los músculos, a respirar agitadamente y emitir sonidos y suspiros de placer.

Cada vez más excitada sus manos suben rápidas y fuertes a tomar sus hermosos senos, las dos joyas de su cuerpo, los aprietan fuerte, haciendo que en sus piernas siente el calienten y sus partes íntimas rompan las fuentes del placer y broten de ellas sus preciados jugos.

La mano izquierda la menos pervertida se queda en su seno derecho, acariciando su pezón con sus dedos índice y pulgar jugando atrevida y brutalmente con él, haciendo círculos, dando leves pellizcos y tomándolo todo en su mano, apretando para dar olas de erotismo y de placer a su cuerpo, mientras, la mano derecha la más pervertida, va abriéndose paso por su estómago avanzando como una fiera por su presa, cautelosa y muy peligrosa… Atraviesa su abdomen lugar donde a su paso provoca leves movimientos y profundas exhalaciones de placer, se acerca a su presa nota que el lugar se calienta. Su mano acaricia su vulva y su panti ya mojado le estorba, juega con sus labios tocando suavemente el valle que se forma.

Su cuerpo sede tras las ganas, las ganas de introducir el dedo en sus entrañas. Para así terminar de calentar su noche húmeda y fría, ya que su amado no había llegado.

 

Historia producto de mi pervertida imaginación, cualquier parecido con la realidad es coincidencia.

 Fernando  Vargas.